g de gato

¿Qué se siente querer a un gato?

Ojo, que no pregunto «¿Qué se siente que te quiera un gato?», porque ya sabemos que los felinos tienen sus maneras... Aunque en mayo soñé que era un gato. Pero no cualquiera. Era el gato de mi amiga Celia. No sé si era gato o gata, pero eso qué importaba. Me acuerdo que me tumbaba panza arriba para decirle miau con el mundo de cabeza. En el sueño era un gato feliz y en nuestra felina compañía, ella también lo era.

Ah, qué misterio de gato... como mi gato «huido» que sólo llegó a buscar su nombre y se fue. Un día con su noche me duró su amor. Lo llamé Tolouse, como el pintor, porque estaba flaquito y frágil, y porque la mañana de la noche que llegó di una clase sobre su pintura y la vida nocturna parisina. Por cierto, muy famoso su cartel de Le chat noir. Aunque mi gato, su tocayo, no era negro.

Por cierto, ahora que recuerdo, había una leche en polvo que se llamaba Lautrec. Venía en unos sobrecitos azules. Esa no le hubiera gustado al gatito de la foto.

En fin, que lo que más me gusta de la fotografía de arriba es que es real, no es creación de inteligencia artificial. En la vida suceden momentos maravillosos como ese que alguien con un clic atinó a capturar.

A mi me emociona capturar la vida con palabras.

Por eso escribo y por eso me gusta ayudar a personas que también quieren escribir, porque es una manera de trascender la vida. También, porque a veces encuentro en la forma de las letras la imagen de aquello a lo que aluden, como esta femenina, orgullosa y satisfecha letra g, que hasta ronronea de lo contenta que está de ser una g de gato minúscula y magnífica.

Lo linda que se vería en una pieza de joyería.

g

Anterior
Anterior

g de gracias

Siguiente
Siguiente

Podcast Latitudes